Las agresiones y los abusos contra la libertad sexual de las mujeres  son una de las más graves violaciones de los derechos humanos.

En nuestras sociedades, donde el sistema patriarcal impera desde hace siglos, la violencia contra las mujeres en todas sus formas es algo sistemático y estructural. A lo largo de la historia del ser humano, en todas las épocas, en todos los países, la violación ha sido utilizada de forma sistémica, se ha dispuesto del cuerpo de las mujeres como un objeto, llegando a utilizarse la violación como método para causar el terror, como arma de guerra, siendo en la década de los 90 cuando se reconoce en el marco jurídico internacional la violación, como una cuestión de derechos humanos y como un instrumento de guerra, véase: Conferencia Mundial de Derechos Humanos de las Naciones Unidas de 1993, celebrada en Viena, étc.

Lamentablemente, a día de hoy en nuestra sociedad “moderna”, donde la defensa de los derechos humanos y derechos fundamentales parecen ser la base de la misma, aun la libertad sexual  de las mujeres parece quedar en un segundo plano.

Se sigue cuestionando si una agresión sexual ha sido o no ha sido violenta / o si ha sido suficientemente violenta / o si la mujer ha tenido o no tenido responsabilidad en la misma / o si la negativa a la misma ha sido suficientemente bien expresada / o si por el contrario la resistencia pasiva a causa del pánico puede ser entendida como un  consentimiento tácito.

Esta justificación de la violencia, no es sino una muestra del poder patriarcal aun imperante en nuestras instituciones, una muestra de que la violencia contra la mujeres es también una violencia institucional y sistémica.

Nuestro sistema resulta ser un gran garante de los derechos de quien agrede, sin embargo aún queda mucho por hacer para que este sistema sea también garante de los derechos de las víctimas.

Es necesario dejar de culpabilizar a las mujeres por todo el mal que las ocurra, dejar de cuestionar su vestimenta, de cuestionar si la mujer andaba sola por la noche, etc. Hay que poner el foco en quien ejecuta el crimen. Pero hay que ir más allá de lo evidente, hay que empezar a responsabilizar también la propia sociedad, que aún hoy en día legitima comportamientos violentos, una sociedad en la que todavía algunos  hombres se creen con el poder de disponer del cuerpo de una mujer en contra de la voluntad de la misma. Es necesario cuestionar que es lo que está fallando,

_cómo se está educando a las nuevas generaciones,

_qué es lo que se enseña en las escuelas,

_que transmiten las películas,

_los anuncios televisivos,

_los videojuegos, etc,

y si el resultado es que hombres jóvenes nacidos en la era de los derechos humanos y derechos fundamentales siguen perpetrando estos crímenes contra las mujeres, y en algunas ocasiones obteniendo un respaldo institucional,

es evidente, algo está fallando!

NO ES, y siempre será, NO! se exprese como se exprese, se diga cómo se diga, nuestros cuerpos son nuestros y nuestra libertad también.

 


_para reflexionar.

La ONU critica la sentencia de La Manada por “subestimar la gravedad de la violación”

La coordinadora ejecutiva de ONU Mujeres para el acoso sexual, Purna Sen, ha recordado que la violencia sexual es un fenómeno “global” al que “ninguna organización o país es inmune”. Advierte que sentencias como la dictada en España con el caso de La Manada, “subestiman la gravedad” del delito y suponen un incumplimiento de las “obligaciones claras” que existen para que se respeten los derechos de las mujeres.

Purna Sen ha citado a España entre los países donde se ha sentido la ola del movimiento internacional #MeToo o #YoTambién, con el cual “las mujeres han tomado las calles, clamando contra la violencia a la que se enfrentan y marchando en solidaridad con sus hermanas”.

El confidencial


Nerea Parra_Perspectiva de género e igualdad de oportunidades.

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