Hoy 31 de octubre celebramos el Día Mundial de las Ciudades. Según la ONU, en 2015, cerca del 54% (4.000 millones) de la población mundial vivía en ciudades y, según las proyecciones, ese número aumentará hasta aproximadamente 5.000 millones para 2030. Un dato que invita a la reflexión. El lema de ONU Hábitat para este 2018 versa sobre cómo “construir ciudades sostenibles y resilientes”.

Una ‘ciudad resiliente’ está preparada para absorber y recuperarse de cualquier impacto o estrés, al mismo tiempo que mantiene sus funciones, estructuras e identidad esenciales, y también se adapta y prospera ante el cambio continuo. Desarrollar la resiliencia requiere identificar y evaluar los riesgos de peligro, reducir la vulnerabilidad y la exposición y, por último, aumentar la resistencia, la capacidad de adaptación y la preparación para emergencias.

Es innegable, ha llegado la hora de cambio en nuestras ciudades, en atención a cómo vivimos los hombres y las mujeres los espacios, asumiendo y respetando los tres ejes prioritarios de planificación; el de igualdad, el de diversidad y el de inclusión. Y han de ser los Gobiernos quienes lideren la conquista de estos objetivos, investigando cómo intervenir en el espacio para así “eliminar desigualdades”

Son necesarias ciudades igualitarias para lograr un desarrollo económico más próspero y sostenible. Ciudades para todas y todos que eviten la discriminación.

Ello supone recurrir a innovadoras herramientas y nuevos enfoques que además de fortalecer a las administraciones locales supongan el empoderamiento de la ciudadanía.

No obstante, ¿cuál es el activo más importante de cualquier ciudad? Podría pensarse si lo es un parque de viviendas de calidad, el nivel de desarrollo de sus infraestructuras, el nivel de formación o habilidades de sus ciudadanos (…) Pero una mirada mucho más profunda y concluyente revela que estos y todos los demás ingredientes de una ciudad vibrante, sostenible y exitosa tienen una base común:

el activo más importante es la salud de sus ciudadanas y ciudadanos.

Es obvio que las ciudades saludables son medioambientalmente sostenibles, es decir, ciudades con aire limpio, con infraestructuras energéticamente eficientes y con grandes espacios verdes accesibles para todos (…) Sin embargo es la buena salud, uno de los marcadores más efectivos para medir el desarrollo sostenible de cualquier ciudad.

 @rafagds Lizuain


_para reflexionar

 “Cada persona de una ciudad cuenta con unas necesidades propias: escuchémoslas y ayudemos a integrarlas en nuestro día a día”

“Hemos rediseñado los 36 parques a través de encuestas rápidas para conocer los usos de cada grupo: bien sean jóvenes o mayores, migrantes o nacionales”

“El trabajo es constante hasta conseguir que haya una relación justa de todos los vecinos con todos los espacios, sin exclusión”

Eva Kail responsable de los planes de igualdad de la ciudad de Viena y de la estrategia Smart City. Conferencia del Consejo de Municipios y Regiones de Europa (CMRE), junio 2018, BILBAO.


_ Manifiesto urbanita.

Vivo en una Gran Ciudad y entiendo la salud, más allá del enfoque medioambiental, como un todo, como equilibrio, entre cuerpo físico, mente y espíritu. En esta sociedad moderna, especialmente en las ciudades, vivimos mucho en nuestras cabezas y poco en nuestros corazones. A la desconexión interpersonal hemos de sumar la personal, prestamos una mínima atención a la salud de nuestros cuerpos y no nos damos tiempo para explorar cómo nos sentimos realmente.

­­­A través de mi experiencia, en mis clases, repartidas por la Gran Ciudad, observo desde la diversidad, la alta presión social a la que estamos sometidas las mujeres. Mujeres que creen que no son lo suficientemente buenas, ni guapas, que no están contentas con ellas mismas, inseguras de quiénes son o inconscientes de su poder o belleza. La necesidad de una comparación constante con otras mujeres, las cargas sociales para ser de una determinada manera y el requisito de serlo ‘todo’ para el resto y que todo sea perfecto: como madre, pareja, amante, amiga, hija, colega (…) Constantemente bajo presión y, a menudo, olvidamos tomarnos tiempo y espacio para entender realmente quiénes somos, para reconocer nuestra belleza y lo más importante para adueñarnos de nuestra fuerza interna. Muy a menudo buscamos externamente ‘algo’ que nos haga más felices y no nos damos cuenta de que ese ‘algo’ ya está dentro de nosotras. No seremos felices hasta que tengamos una relación inquebrantable con nosotras mismas

Os propongo una herramienta que nos permita recuperar la forma física y mental, especialmente en la ciudad, “el yoga”. Una armadura cuyos beneficios físicos son largos de enumerar y que nos permite volver a nuestro verdadero Ser. El Yoga es ante todo un camino de transformación personal, diferente para cada una de nosotras. Nos da fuerza física y mental, así como un cuerpo sano, fuerte y más flexible. Nos brinda el espacio para estar presentes y tomarnos un descanso de las demandas constantes de nuestro entorno, nos permite explorar lo que realmente pensamos y lo que realmente somos, no lo que se nos dice que debemos ser. Nos brinda cuestionar los comportamientos y expectativas sociales y lo que realmente pensamos de ellas. Nos permite explorar y comprender el poder de la paz interior que nos facilita comprender que todas y todos estamos conectados, que no vivimos como ‘personas aisladas’, sino que todas y todos estamos unidos como indivisibles y que a través de este entendimiento podemos comenzar a ser amables con los demás y con nosotras mismas. En definitiva, el yoga es una gran herramienta para que las mujeres

‘Vivamos plenas y hagamos de nuestras ciudades un lugar mejor’._Sara Santos Paraíso.


Créditos

Nuestro más profundo agradecimiento a Sara Santos Paraíso _ Instructora de yoga, Arquitecta y Urbanista y a su  vez, autora de este artículo de opinión, gran profesional y gran Mujer Real, Sacrálida y modelo a seguir.

Agradecimientos a nuestro responsable de imagen, Lizuáin por el regalo de sus ciudades para ilustrar nuestros artículos.